Científicos analizan cómo nuestro cerebro elige entre dos buenas opciones

Científicos analizan cómo nuestro cerebro elige entre dos buenas opciones

Las decisiones que tomamos cuando elegimos entre dos opciones igualmente atractivas traen consigo consecuencias a largo plazo para nuestras futuras preferencias.

No es sencillo decantarse entre dos opciones igualmente atractivas. Que se lo digan si no al asno de Buridán, protagonista de una paradoja medieval que muere de inanición al no poder optar entre dos montones de heno. ¿Cómo nos las arreglamos entonces para no correr la misma suerte del famoso herbívoro? Un equipo de investigadores de la Universidad de Melbourne (Australia) asegura haber dado con la respuesta gracias a un experimento.

Según se desprende del estudio de los científicos, publicado el pasado 10 de diciembre en la revista The Journal of Neuroscience, este tipo de decisiones difíciles no se fundamentan en nuestras preferencias individuales constantes —tal y como aseguran las teorías tradicionales sobre el comportamiento humano—, sino que dependen de factores contextuales y, además, modifican nuestras predilecciones a partir de ese momento.

Cuestión de gustos

En el experimento participaron 22 hombres y mujeres de entre 18 y 37 años que, sin conocer el verdadero propósito del mismo, debían indicar la cantidad de dinero real que estaban dispuestos a pagar por diversas golosinas populares. Después, los bocados favoritos de cada uno eran agrupados de dos en dos —seleccionando productos deseados por igual— para que los participantes eligieran uno de cada par.

Transcurrido cierto tiempo, los investigadores pidieron volver a valorar el precio de todas las golosinas. En esta ocasión los participantes se mostraron dispuestos a pagar más por aquellos productos que habían elegido de entre cada par, mientras que ofrecieron menos dinero por la golosina descartada en cada caso.

Según Katharina Voigt, autora principal del trabajo, estos resultados evidencian que “nuestras preferencias evolucionan de forma inmediata a consecuencia de la toma de decisiones”, de tal forma que nuestro cerebro “parece usar la información recogida en ese mismo instante para formar nuestras nuevas preferencias”.

Opciones a la vista

Uno de los factores que puede predecir nuestras decisiones es el tiempo que invertimos en mirar cada opción, ya que “somos más propensos a optar por el elemento que más tiempo observamos”, detalló Voigt. Los científicos registraron los movimientos de los ojos de los participantes y notaron que “la fijación de la mirada durante la fase de la elección determina lo fuerte que cambiamos nuestras futuras preferencias”.

Esta habilidad cognitiva adaptativa nos permite, la próxima vez que debamos elegir entre las mismas dos opciones, desarrollar una preferencia por una de ellas y tomar una decisión rápida, sin quedarnos paralizados o estancados como el asno de Buridán, concluyen los investigadores.

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