¿Qué diferencias hay entre asesinos en serie masculinos y femeninos?

¿Qué diferencias hay entre asesinos en serie masculinos y femeninos?

Hombres y mujeres actúan criminalmente de manera diferente. Un nuevo estudio lo explica a través de los papeles habituales que desempeñaban nuestros antepasados.

Ellos ‘cazan’ a sus víctimas en otras ciudades, acechan a extraños y a menudo los asaltan sexualmente antes de matarlos. Ellas asesinan a sus conocidos, parejas o familiares, y a menudo lo hacen por dinero. Una nueva investigación arroja luz sobre el diferente comportamiento de los asesinos en serie, según se trate de hombres o de mujeres, e intenta explicar sus hallazgos a través de la psicología evolutiva.

Concretamente, el estudio, que está liderado por la profesora asociada de psicología en la Penn State Harrisburg (EE.UU.) Marissa Harrison, sugiere que, bajo la influencia de cómo nuestros antepasados ​​vivían en la prehistoria, los hombres asesinos tienden a actuar como ‘cazadores’ a la hora de cometer sus asesinatos, mientras que las mujeres son más bien ‘recolectoras’. Para realizar su investigación, los científicos compararon a 55 hombres y 55 mujeres que cometieron asesinatos en serie en EE.UU., a partir de la información en medios de comunicación que se remonta a 1856.

Estas son algunas de las diferencias que encontraron, y sus posibles explicaciones.

Cómo, a quién y dónde matan

Los asesinos en serie masculinos tienden a acechar y ‘cazar’ a personas previamente desconocidas y en áreas dispersas, a menudo alejadas de sus lugares de nacimiento. En cambio, las mujeres no suelen desplazarse a otras zonas para cometer sus crímenes, y matan con mayor frecuencia a quienes las rodean, a personas conocidas o a los familiares. De hecho, es más habitual entre las asesinas matar a un cónyuge o pareja, y son 6 veces más propensas a asesinar a sus familiares. En cambio, solo un hombre asesino de la muestra mató a un pariente de sangre.

Por qué es así

En términos de la psicología evolutiva, estas diferencias pueden deberse a las divisiones laborales en el entorno ancestral en el que los hombres cazaban animales por territorios dispersos, mientras que las mujeres recolectaban granos y plantas en el entorno cercano para alimentarse.

Para qué matan

Por otro lado, entre las asesinas en serie, el motivo más común para matar fue la ganancia financiera, mientras que la satisfacción sexual fue el móvil más habitual de los asesinatos en serie perpetrados por varones. En concreto, los hombres tenían probabilidades más de 10 veces mayores que las mujeres de cometer un asesinato en serie por un motivo sexual, y sus víctimas eran a menudo del sexo opuesto, principalmente adultos.

Los autores del estudio explican que estas tendencias reflejan las diferencias históricas en el potencial reproductivo. En comparación con el suministro casi ilimitado de espermatozoides de los hombres, las mujeres tienen un número muy limitado de óvulos, y por tanto menos oportunidades para procrear. Es por eso por lo que, en el entorno ancestral, para maximizar la aptitud genética, las mujeres buscaban parejas estables y con recursos “para invertir en ellas y sus descendientes”, mientras que los hombres tenían “múltiples oportunidades de apareamiento”.

De esta forma, los hombres asesinos en serie estarían realizando una forma aberrante de búsqueda de pareja, mientras que las mujeres vuelven a actuar como ‘recolectoras’, reuniendo recursos como resultado de sus asesinatos, explica el artículo.

Los autores del estudio admiten que el trabajo tiene algunas limitaciones, y que, además de las diferencias biológicas, hay más factores a considerar. Asimismo, reconocen que el tamaño de la muestra es relativamente bajo y es importante tener en cuenta que los informes de los medios de comunicación pueden estar sesgados hacia asesinatos más sensacionalistas.

“Nunca diría que la explicación evolutiva es la única para cualquier comportamiento dado, pero creo que realmente proporciona una lente valiosa para tratar de entenderlo”, indicó Harrison en declaraciones a Quartz.