Revelan el secreto de los templarios para tener una larga vida

Revelan el secreto de los templarios para tener una larga vida

Comer carne con moderación, predominio de verduras y ayunos intermitentes. Parecen pautas recomendadas por un nutricionista moderno, pero este grupo de monjes guerreros ya las practicaba, y además con excelentes resultados.

En una era en la que el destino no le auguraba al común de los mortales cruzar el umbral de la cuarta década, no fueron pocos los miembros de la Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón que estuvieron cerca de duplicar tan exigua esperanza de vida.

El caso del fundador de esta poderosa institución militar cristiana, Hugo de Payns, fallecido en 1136 a los 66 años, es ya un ejemplo. Las vidas documentadas no son escasas: Jacques de Molay, el último Gran Maestre, fue quemado vivo en 1314 a los 70; Godofredo de Charnay acabaría ejecutado en el mismo año a los 63, Thibaud Gaudin y Armand de Périgord llegaron a sexagenarios, y los ejemplos registrados en los archivos del Vaticano darían para redactar una larga lista.

Las hipótesis de que a los caballeros templarios se les había concedido un don divino o disponían de algún brebaje mágico para ser más longevos circulaban en la época. Su secreto, sin embargo, parece encontrarse en una razón bastante mundana. La alimentación de los adinerados burgueses y los poderosos aristócratas de aquellos tiempos era rica en grasas y calorías y pobre en la variedad de viandas.

La obesidad era sinónimo de riqueza, y enfermedades como la gota fueron más que comunes entre tales estamentos. Frente a semejantes excesos, la dieta y la estricta forma de vida que seguían los miembros del Temple se presenta como la teoría más consolidada para explicar el porqué de su prolongada existencia. ¿Puede alguien imaginar a un noble caballero aquejado de sobrepeso luchando contra las ágiles tropas de Saladino?

Calidad y moderación

Las donaciones recibidas y el trabajo como guardaespaldas para defender a los peregrinos conseguían que las arcas de la Orden no estuvieran precisamente faltas de fondos. A pesar de ello, la forma de vida de los caballeros aparece marcada por la austeridad propia de los votos monásticos de pobreza, castidad y obediencia. El monje cisterciense Bernardo de Claraval sería el encargado de redactar la Regla Primitiva que acabaría siendo modificada en posteriores revisiones. Varias de las normas que aparecen en ella se refieren en exclusiva a la dieta.

El régimen de los templarios parece una propuesta que busca equilibrar las costumbres de un monje con la vida activa de un caballero que no podía ejercer su trabajo con el estómago vacío.

En el noveno punto se tratan, por ejemplo, la cuestiones que atañen a la carne. Para los templarios bastaba ingerirla tres veces a la semana, siempre que no coincidiera con algún día sagrado, permitiéndose los domingos hasta dos porciones. Se consideraba, por otro lado, que sobrepasar las cantidades estipuladas podía causar que el organismo se corrompiera.

Para el resto de jornadas, se alternan los ayunos con el consumo de varios platos diarios a base de vegetales, poniéndose como ejemplo de preparación el potaje. Los viernes se aconseja comer como en cuaresma, a excepción de aquellos caballeros que estuvieran débiles o enfermos. Según el punto LXII, la comida debía ser distribuida también de forma equitativa entre todos los miembros de la Orden acorde con los recursos de los que se dispusieran. Según la paleógrafa italiana Barbara Frale, las ingestas se acompañaban también con cantidades de vino moderadas.

Tratado de las buenas maneras

Fuera de tales indicaciones, el tratado de Bernardo de Claraval añade toda una serie de mandatos para fomentar la disciplina en la mesa. Los caballeros debían comer comunalmente en el refectorio y cuando no fuera así, por motivos de viaje o guerra, se conminaba a hacerlo por parejas “estudiando al otro de cerca”, para controlar que no se sobrepasaran las porciones que a cada uno le correspondieran.

El estudioso Francesco Franceschi describe en un trabajo de investigación otras costumbres que van más allá de la Regla Primitiva, “específicamente diseñadas para evitar la propagación de infecciones” y que los caballeros habrían adoptado de sus enemigos árabes. Entre ellas se incluyen la obligación de lavarse las manos antes de comer, así como eximir a los miembros encargados de las tareas manuales de cualquier responsabilidad a la hora de preparar o servir las comidas.

Otro aspecto que preocupaba a los templarios era el del abastecimiento de víveres. Según Franceschi, la Orden tendía a importar los animales que utilizaban para carne e incluso las semillas directamente desde Europa. La caza estaba estrictamente prohibida, a diferencia del particularmente apreciado marisco. Se tiene también constancia de otros productos consumidos con frecuencia, como el queso, el aceite de oliva y la fruta, así como de un tímido inicio de lo que podría ser hoy una actividad como la piscicultura.

Alimente.Elconfidencial