Revelan por qué los vídeos de fantasmas se hacen virales

Revelan por qué los vídeos de fantasmas se hacen virales

Pese al cierto escepticismo que existe en la sociedad de hoy, hay quienes afirman que las grabaciones de ‘fantasmas’ o ‘extraterrestres’ escalofriantes no son ‘fake’.

Según declaró a Sputnik el especialista Antón Pankrátov, del Instituto de Matemáticas Aplicadas, los creadores de vídeos virales utilizan un conjunto de trucos psicológicos y técnicos que, no obstante, “solo son convincentes para la parte más leal del auditorio”.

Pankrátov explicó que antes de la era de los ordenadores, los artistas visuales utilizaban el famoso método de combinación de imágenes y usaban el croma —una técnica audiovisual que consiste en extraer un color de la imagen y reemplazar el área que ocupaba ese color (usualmente, el verde o el azul) por otra imagen o vídeo—.

De acuerdo con el experto, entre las tecnologías más populares también figura la llamada captura de movimiento (‘motion capture’, en inglés), una técnica de grabación de movimiento que se basa en las técnicas de fotogrametría. Este método utiliza un traje equipado con marcadores de movimiento que son seguidos por las cámaras infrarrojas.

Sin embargo, estos métodos serían demasiado difíciles y caros para el uso doméstico. De este modo, se puede afirmar que los vídeos virales en su mayoría utilizan efectos especiales combinados con distorsión —en particular, la difuminación— de la imagen. Agregó que los artistas también utilizan herramientas como el hilo de pescar, así como manipulan los límites de la imagen.

Se trata en particular del uso de sonidos escalofriantes, suspenso, la creación de escenas de estructura ‘antinatural’, la empatía por las personas presentes en el vídeo, además del llamado efecto de arrastre, ya que solemos hacer ciertas cosas basándose en el comportamiento de la mayoría.

Asimismo, indicó que estos métodos también se usan en el rodaje de las películas de terror. Por ejemplo, la película ‘El Proyecto de la Bruja de Blair’, dirigida por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez en 1999, integraba grabaciones ‘amateur’ de un grupo de jóvenes cineastas ‘desaparecidos’, fue concebida como una película documental por algunos espectadores e incluso ha sido categorizada como un falso documental.